Bad requestitis

Atención, ¿te sientes identificad@ con esa imagen?



Parece que ya ha vuelto. Bueno, o no. Puede que en medio de lo que tardo en escribir esta entrada, Blogger se vuelva a ir por los cerros de la net y decida desaparecer del mapa un rato más. Ahora mismo ando utilizando Internet Explorer, ese explorador al que casi jubilé cuando adopté a Super Mozilla Firefox pero que (por suerte) no eliminé del todo de mi PC. Ahora resulta que Super Mozilla se lleva mal con este Blogger que permanece en huelga, ¿y qué pasa cuando tengo un momento de lucidez y pruebo con Internet Explorer? Pues que ni Bad Request ni Error 400.

Todo ha empezado esta mañana cuando me apetecía subir un QSB, preparar uno de esos concursos que prometí y escribir algún que otro micro. Mi mente estaba despierta y mis ganas de bloggear activas, y de repente... PUM!

Después de esta odisea mañanera en la que Blogger ha ido y venido a placer, y mientras se recupera del shock provocado por vete tú a saber qué (yo creo que tiene que ver con la nueva imagen del gran Google, ¿os habéis fijado?) he deducido que no puedo vivir sin este blog (suena a enfermedad crónica, ¿a que sí?). Y ahora, vuelvo al trabajo de preparar cosas aquí y allá y pensar en esto y en lo otro, antes de irme a trabajar y salir a derretirme al sol que, implacable, cae sobre nuestras cabezas.

Pronto (si Blogger me deja) más y mejor.

Todo es posible cuando multiplicas el poder de tu mente

Dicen que el hombre sólo utiliza el 20% de su capacidad cerebral. Imagina una droga de diseño que fuera capaz de aumentar dicha capacidad al 100%. Aprender kung-fu sólo con ver una película de Jackie Chan, encontrar la inspiración para escribir una novela en tres días y que ésta sea una obra buenísima, aprender idiomas sólo con escucharlos durante diez minutos... y un largo etcétera de ventajas y posibilidades disponibles para el consumidor de la revolucionaria NTZ.


Esta pastillita es la indiscutible protagonista de la linea argumental de Sin Límites, una película dirigida por Neil Burger (sí, Burger de Burger) que se estrenó en nuestro país el pasado abril y que nos trae a Eddie Morra un escritor frustrado que sufre un bloqueo crónico, al que su novia le deja y que se pasea con aires de vagabundo por la ciudad. Su vida, sin embargo, cambia cuando un viejo conocidocasifamiliar le da a conocer el NZT, un medicamento medio droga que le permite aprovechar su potencial al completo. Con cada impulso nervioso, nuestro protagonista adquiere nuevas capacidades entre las que destaca encantar a todo aquel con el que se cruce. La cosa irá bien siempre que siga tomándola, y así Ed conquistará la bolsa de Nueva York y convertirá su pequeño capital en millones, lo que llama la atencion de Carl Von Loon (Robert DeNiro) quien le quiere para participar en la fusión de empresas más grande de la historia. Sin embargo, no todo el campo es orégano (como dice mi madre) y Ed también llama la atención de varias personas desesperadas por conseguir más NZT, lo que pone en peligro su vida... A parte de los ya de por sí efectos secundarios brutales para su salud. ¿Conseguirá zafarse de sus enemigos y no caer en el intento?


He aquí una película cienciaficcionana que sorprende. Al ingrediente fantástico y utópico se le añade, a su vez, una pizca del gusanillo que le da a pensar al público lo que haría con un alijo pequeñito de NZT. Sin embargo, cuando la cosa se pone fea, el público ya no desea ser Bradley Cooper (que está brillante), sino seguir usando su capacidad cerebral al 20% y mantener su vida a salvo. Como ingrediente final un reparto lleno de estrellas, una historia de amor aderezada con un poquito de interés y acción trepidante suministrada en pequeñas dosis para que a uno le dé tiempo a asimilar todo lo que está pasando. Sorprendente, rápida, muy ágil y con una estética muy llamativa, Sin Límites es una película que recomendaría para pasar una tarde de estas calurosas en el sofá de casa.


Eso sí, tengo dos cosas en contra. La primera: a Robert DeNiro casi ni se le ve. Sí, sé que el protagonista es Cooper, pero ya que Robert DeNiro está, que potencien su papel y su presencia al máximo porque, ¿es o no es un actorazo como la copa de un pino? (sin menospreciar a Bradley que ya he dicho que está brillante). La segunda: el final. Un final muy desinflado para una película que te va inflando poco a poco, a la espera de un final de chapó. El punto más álgido de esta película está unas escenas antes, lo que hace que el final sea insípido y flojo y que desluzca mucho el resultado global.

Nota final: 7/10

Corazón esdrujulado

Músculo mecánico. De color rojo (pasión) y sabor cítrico. A veces triste y famélico, cuando no lo alimentas a base de besos. Otras veces volcánico, puro y bruto, de impulsos eléctricos y toques mágicos que convierten las soledades en sensaciones mayúsculas desde que decidimos unir nuestros pasos erráticos. Cinematográfico y musicalístico con escenas en technicolor, a la par que melancólico cuando el color destiñe y se viste todo de blanco y negro. A veces frío como el ártico, como las manos fuera de los bolsillos de una chaqueta cálida (que no metálica, como la de la película). Crítico según con qué, espeluznántico cuando está solo, oscurántico, solístico y siempre de profesión pericárdico. Corazón hecho a base de esdrújulas que esbozan sonrisas y momentos álgidos. Saltos a ritmo de sístoles y diástoles, al compás de un vals romántico. Mío y tuyo, y cuando estamos juntos, tsunámico.

*Las palabras en cursiva no existen salvo en mi cabeza.

Hoy es un mal día porque la nota de una asignatura que tenía aprobada con un trabajo grupal se ha transformado en un NO PRESENTADO y no entiendo por qué (sobre todo cuando hay compañeras de grupo que sí que tienen la nota correspondiente). Y lo peor es buscar a la profesora por tierra y aire (me falta por mar) y no dar con ella.
Nada, que aun de vacaciones, no me libro del todo.

Ya, ya, me he tomado mi tiempo...

Pero qué alegría eso de poder levantarse tarde. O mejor, eso de acostarse tarde porque al día siguiente no se tiene que madrugar. O qué bien eso de tener cerquita a la familia o no agobiarse porque al día siguiente toque examen o ver notas. O ambas cosas. Y qué bien que ya esté aquí el verano (aunque haya 400º a la sombra, da igual). Y qué bien tener ideas, y qué bien... (un largo etcétera). Después de esta semana con un poco de todo, vuelvo con las pilas cargadas: más micros y más blog veraniego.

Por fin


¿Qué me decís? ¿Preparamos el verano bloggero?
Una pausa para un poquito de relax (una enorme siesta) y volvemos...

Se acabaron los exámenes (estoy oficialmente de vacaciones).

El principio del fin del mundo

Todo comenzó la mañana en que se fue la luz. Mi casa era bastante luminosa durante el día y no tenía ninguna luz encendida, así que no noté nada hasta que mi portátil, donde trabajaba en la última columna para el periódico, comenzó a funcionar en modo autónomo. Comprobé las luces de mi despacho y del salón, también comprobé el automático general por si hubieran saltado los plomos. Nada. La luz se había ido y, conforme pasaba el tiempo, daba la sensación de que no tenía ningún plan de volver.

Al rato, comenzaron a oírse sirenas a lo lejos.

Mañana por fin seré libre.
Hoy, toca dar el último empujón.

Sólo me queda un examen, sólo me queda un examen, sólo me queda un examen

sólo me queda un examen
Tengo ganas de saborear la libertad y que me deje un regustillo a trabajo bien hecho. Tengo ganas de vacaciones, de dedicarle horas a este blog que ultimamente me grita "eco eco". Tengo ganas de relajarme, de levantarme a las tantas, de acostarme tardísimo por estar escribiendo. Tengo ganas de tener mañanas enteras para revisar lo que escribí mientras me pesaban los párpados (y darme cuenta que, a medio camino entre la vigilia y el sueño, salen cosas guays). Tengo ganas de no beberme más que el café que a mí me apetezca, tengo ganas de decir que tengo ganas de verano, de que se acabe. Y está a punto. Como dice el redundante título y la redundante entrada: sólo me queda un examen.

Suerte para mí y achuchones virtuales para los que me leéis. Siempre gracias y zenkiussoumach.

Sí, gracias

Miré con furia el coche parado en el arcén de aquella carretera desierta y maldije mi suerte. Basta que alguien quiera huir para que las cosas se pongan en su contra, y el viejo coche que heredó, se joda inexplicablemente. Por suerte, ya estaba lo bastante lejos como para que aquel hecho no dejara de ser una broma del destino y no se convirtiera en algo más grave. Sin embargo, la soledad de aquella carretera me hacía pensar que terminaría pasando el suficiente tiempo como para que dieran conmigo. Tenía dos opciones: seguir mi huida caminando o esperar ahí a que alguien llegara y se ofreciera a llevarme, cosa muy, pero que muy poco probable.

Elegí apostar por la escasa probabilidad. Jugármela. Encendí el primer cigarrillo, sabiendo que no sería el único que me iba a fumar durante mi arriesgada espera.

No lo había acabado aún cuando vislumbré un vehículo lo lejos. La última calada, la di cuando se detuvo frente a mí y la ventanilla se bajó:

―¿Necesitas que te lleve? ―dijo el conductor de esa camioneta casi más destartalada que el viejo coche al que yo estaba a punto de abandonar.
―Sí, gracias.

Aposté por la escasa probabilidad que había de que alguien pasara por una carretera desierta una tarde abrasadora de julio. Y gané. Sin embargo, ingenua de mí, no me di cuenta de que el hecho de que un coche apareciera tan sólo diez minutos después de ponerme a esperar, no era un golpe de suerte, sino algo mucho más sencillo: la camioneta en la que acababa de montarme y, sobre todo, el chico que la conducía, llevaban persiguiéndome desde el minuto 1 de mi huida.

Divina de la muerte

Oh, ya verás encanto, dijo el maquillador, manoteando de arriba a abajo y moviendo sus brochas nerviosamente, te voy a dejar divina de la muerte. Tu piel necesita un tono de colorete acorde con su tono perlado, y la sombra de ojos que he elegido para esta ocasion le sentará de fábula a tus suaves párpados. Era un profesional, uno de los mejores, sin duda. Rostro que caía en sus manos, rostro que dejaba precioso. Tony Roberto era el mejor de los maquilladores. Estoy seguro de que va a quedar genial, quizá con un poco de carmín..., afiló una sonrisa, impregnando de un rojo pasión los labios de la chica, extendiéndolo con suma delicadeza y elegancia. Ya está, serás la estrella que más brille... En tu entierro.

Tony Roberto era el mejor de los maquilladores... de la funeraria.

Este micro es un regalo de (mi) cumpleaños.
Un lector de este blog me regaló la idea y la dejó en mi correo.
Me pidió que la hiciera microrrelato, y aquí está.
Muchas gracias :)

Desayunaba (o algo parecido) con diamantes

No eran los diamantes del escaparate de Tiffany's, sino las joyas que robaba de vez en cuando para seguir sobreviviendo. Era en Nueva York, eso sí, pero no la Quinta Avenida, sino el barrio marginal donde vivía. Siempre, antes de llevarle cualquier pieza al tipo gordo y desagradable de la casa de empeños, se probaba la mercancía y admiraba su reflejo en el espejo quebrado del baño. Le gustaba imaginarse en otro lugar, con otra vida, como dueño de esas joyas (y de muchas mas, y del dinero para poder comprarlas), pero Andrés sabía que él nunca sería Audrey Hepburn.

Nota mental (8): Porque sí

Ea, porque sí. Así es esta nota mental que me apetecía escribir porque anda que no hace días que no escribo con mi voz en este blog mío (y no disfrazada de microrrelato o de entradita caótica como la del día 30). Necesitaba una nota mental por varios motivos, entre otros, porque no sería yo si no viniera aquí por estas fechas a despotricar del estrés que estos días me pega a la silla como superglú (con tilde española), y hace que me piquen los ojos de tanto que leo y subrayo y releo y repaso y escribo y resumo, y a quejarme de que se me empañan las gafas del humo que me sale de la cabeza. Y es que siempre viene de perlas, por qué no, pasarse por el blog de una misma a decir que una misma está harta de los exámenes mismos. Que siempre es bonito compartir el estrés, que sabe a menos.

Como es bonito venir aquí a dar agradecimientos y abrazos a los 750 seguidores del blog (que perdonad que los abrazos sean cibernéticos, pero me pilláis lejos y como sois 750, es posible que acabara con agujetas) porque es por vosotros por lo que esta bitácora sigue abierta, porque gracias a cada comentario (a los que ultimamente no les hago mucho caso, perdón), yo sigo aquí quejándome de los exámenes y escribiendo esos cuentos que de vez en cuando se me ocurren y me recuerdan que yo he nacido para escribir.

Hablando de escribir, hoy mientras estudiaba se me ha ocurrido una idea (¿qué idea?, el público se pregunta), pues una idea para escribirla, por supuesto. Que no sé yo si cuajará, pero que me ha parecido divertida y me he sentido un poco menos mal cuando la he visto en mi cabecita, rondando por ahí, buscando a las neuronas que dan la orden a mi cerebro para que diga: "manos, dejad el rotulador verde fosforito y el manual de Derecho Constitucional a un lado y poneros a aporrear en el teclado una pequeña idea que a la lumbreras esta se le ha ocurrido". Y ahí que me he puesto. Y la idea no tiene más de quince líneas, pero yo me he sentido feliz en medio del caos examénico de estos días.