... y ahora que sabe que no puede tenerla,
él siente que se muere sin ella.
Estuvo más de un año prometiéndole canciones de guitarra debajo de su falda, tortitas de buenos días en su pequeña casa al lado de un puticlub, un millón y medio de horas susurrando en su oído (por teléfono) que la quería, gastando bromas sobre la construcción de un puente que salvara 600 kilómetros en 6 centímetros. Asegurando lo maravilloso que sería que, por fin, algún día pudieran estar juntos. ¿Y qué hizo sin embargo? Desaparecer. Y después del daño infligido, después de todas las noches que ella se pasó sin dormir porque necesitaba sus tres palabras (buenas noches, princesa), por fin logró mirar adelante, armarse de paciencia, de sonrisas antestesiadas y lágrimas evaporadas de tanto que lloró. Logró olvidarle (por fin, logró que dejara de escocer su ausencia). Pero claro. Ahora es él el que la necesita para dormir (y para vivir, de paso).
Algunas personas son curiosas o es que todas funcionamos así.
43 páginas de Proyecto. 20.274 palabras.


















