Heroína

Hoy te juro por lo más sagrado que estoy dispuesta a matar monstruos por ti.

Escondida tras las esquinas te seguiré, esperando a que tus problemas vengan a devorarte, y saldré de mi escondite para hacerle frente a todo, con un antifaz para que no me reconozas. Venceré al monstruo del olvido con una dosis de recuerdos, de esos que sólo sabes fabricar tú conmigo. Venceré al demonio de tu ausencia con un ataque de paciencia, y si aun así no consigo vencerle, le daré una lección con un golpe seco de mi espera. Acabaré para siempre con los siervos del monstro del miedo a las noches solitarias con una triple ración de abrazos, porque los abrazos son el arma secreta. Te salvaré de tus dolores con caricias a oscuras y besos en el alma. Tus momentos de obstinación se rendirán ante mí porque gritaré tu nombre con todo el aire de mis pulmones. Aunque nadie más lo escuche, aunque ni siquiera tú te estés dando cuenta, los silencios más malvados huirán por los callejones, asustados. Un día me descubrirás en una de mis misiones secretas. Mirarás los ojos que hay tras el antifaz con el que me escondo de ti. Sonreirás y me querrás como antes. Dándote cuenta de que he enmendado mis errores y que quiero empezar otra vez. Y sabrás que en nuestra historia hay una heroína, y que no puede ser otra salvo yo.

Que yo no soy nada sintigo.

Verano del 89

En el verano del 89 Sara tenía 12 años. Sara siempre firmaba todos los pequeños cuentos que escribía como Sarah, con una hache al final, porque decía que era un nombre más de escritora que Sara sin la hache final. Estaba en aquella época en la que los nombres normales no le gustaban nada y llamaba a sus protagonistas de una manera mucho más americana. Y es que con el boom de aquel año sobre la cultura yanki, a la niña se le contagió también la manía de adoptar cualquier cosa que viniera del otro lado del charco.
Sara, perdón, Sarah, era la chica preferida del abuelo Tom. Tom venía de Tomás, pero a Sarah le gustaba llamarle Tom porque decía que así se llamaría si fuera personaje de una novela de esas que se vendían tanto en la librería de la señora Alf. Alf era de Alfreda, pero a Sarah le parecía un nombre tan horrible, que prefería llamarla de otra manera.
Peter era su mejor amigo, ya saben, Peter de Pedro, pero como Peter Pan. Aquel verano del 89 Sarah se dio su primer beso con Peter, una tarde que fueron a observar los insectos del otro lado de la casa de John (el pastor, Juan de toda la vida). Si no se le ponía un poco de imaginación, lo cierto es que aquel pueblo era más bien aburrido... Y eso que Sarah tenía que estar allí todo el verano, pero de imaginación iba más que sobrada.
Hoy Sarah ya no tiene doce años. Ha crecido y ya no firma sus escritos como Sarah, sino como Sara. Ha empezado una nueva novela que se llama Los hijos del verano del 89. Será una novela coral, donde todos los personajes que creó en aquel año, como Tom, Alf, y sobre todo, Peter, serán los protagonistas. Sobre el primer beso, los insectos de detrás de la casa del pastor John y todo lo vivido durante aquel tiempo estival.
Estoy desando leerla.

Nadie me miraba

Yo pedía ayuda, pero era invisible. Los ojos de todos pasaban por encima de mí sin hacerme caso. Nadie atendía al dolor de mis heridas en las emociones, a nadie le importaban mis dramas. Una más tirada en la calle, como tantos. Nadie me miraba. Estaba malherida. Todo el mundo giraba la cabeza, se cruzaba de acera, hacía como que no me veía. Llevaba dos días sin comer, pero a nadie le pareció importarle. El invierno se me había metido en los huesos y no quería irse, aunque Morfeo ronroneaba a mi lado, contagiándome el brillo esperanzador de sus ojos. Compartimos sardina aquella mañana, mientras el ritmo de la ciudad se movía a nuestro alrededor. Una vagabunda más. Una vida perdida entre las de cientos de personas, no importa.
Me levanté de mi sitio de pronto, algunos se apartaron, repugnados. Me puse de pie, me quité la capucha y, bajo el poncho roído que me había arropado durante días, apareció mi mejor vestido de fiesta, el que llevé a los últimos Premios del Cine.

- Oye, ¿no es esa que tiene un gato entre las manos...?
- Es verdad, es esa actriz tan guapa. Vamos a pedirle un autógrafo.

Mi firma les decepcionó. Porque en vez de darles mi nombre, sólo escribí: Invisible.
Me di media vuelta y me marché. Y en aquella acera sólo quedaron los cartones en los que me había sentado en los últimos dos días... y el ruido de mis tacones.

Se fijó primero en sus labios...

... y luego en lo bien que le sentaban los zapatos.
Y durante toda la noche estuvo haciéndole fotografías mentales para guardarlas dentro de él, e imprimirlas en forma de sensaciones contradictorias, que provocaban convulsiones y escalofríos en su cuerpo. Un estímulo psicológico que provoca una reacción física. Una mirada que provoca huracanes. Las ganas de besarla que se le apelotonan en la mirada. La quiere tanto que tiene ganas de llorar, y ella ni siquiera lo sabe. Permanece ajena, bailando mientras la música se le mete por las venas, a las miradas de aquel tipo que la quiere desde siempre, que la mira con la pasión misma con la que la terminará odiando cuando ella encuentre al príncipe que ha ido a buscar. Porque las princesas nunca quisieron sapos, porque las pijas ya no quieren a los poetas. Y porque ella, tan guapa, sigue siendo la misma loba disfrazada de cordera que era cuando la conoció.

L.i.n.k.s

10 (+4) blogs que ya deberías seguir:

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+ Duna Loves:
http://dunaloves.blogspot.com
Blog de la periodista Sivia Tinoco.


+ A cualquier otro lugar:
http://www.acualquierotrolugar.com
Blog de María para vivir la vida.


+ El porqué de una mosca encerrada en un bote
http://elporquedeunamosca.blogspot.com
El blog de Rubén Díaz.


+ La luz de Léoen
http://http://laluzdeleoen.blogspot.com
El blog de la escritora Laura S.B.


+ Ángela Armero
http://hotelkafka.com/blogs/angela_armero
Blog de la guionista Ángela Armero
.

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http://albaniemonique.blogspot.com
Un blog dulce


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http://cronicassalemitas.blogspot.com
El blog de El Cronista de Salem


~Literarios:

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Un blog literario imprescindible por Alba.


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Blog literario por Niicky Gray.


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Una mirada original al mundo de los blogs literarios por Eileen y Nora.


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Música libre de derechos para todo
kiski

PumPum

Va por vosotros.
No estais solos.
Compartimos dolor y llanto...

... Porque allí estábamos todos

Amante bandido

Dice el cuento que una princesa puede calzar zapatos de cristal (y no botas de caza).

Ella nació princesa porque zorras había muchas. Lloraba la demora de pasiones y alegrías dentro de las paredes de su palacio de cristal. Soñaba con el príncipe para que los días le sonrieran, pero las noches seguían siendo frías. Y al primero que llegó pidiéndole su mano a papá-señordelreino, le dijo te quiero fruto de una corazonada. Y es que el falso amor le vendó los ojos, y cuando la venda se cayó (sin anestesia ni nada), cogió su caballo y salió corriendo de la vida de rosa con la que siempre había soñado y del palacio del principito. La princesa se quedó solamente con un perfume dulzón en el bolso y un pintalabios rosa chicle. Se había dejado los zapatos de cristal en palacio y tuvo que ponerse las botas de caza de su ex príncipe. Dice la leyenda que durante días por caminos pedregosos anduvo, porque su caballo en la tercera parada la abandonó. Pero he ahí, en el pueblo de la Fantasía Rara, que se encontró con un bandido, que no tenía ni tierras, ni oro, ni palacios, sino mucha cara dura e insolencia que, desde el primer instante en que le vió, conquistaron a la princesa. Ya no tenía poder sobre el reino para nombrarle caballero, pero sí tenía poder sobre ella para nombrarle su amante bandido. Y cuando se enteró de que el príncipe había puesto sobre ella una denuncia por abandono del hogar, ambos se escaparon del pueblo de la Fantasía Rara. Cuentan los cuentos que acabaron en otro planeta. Anónimos y pobres. Con cuatro monedas de oro, un perfume dulzón y un pintalabios rosa chicle (pero eso sí, con amor del bueno).

Antes de nada, quiero que sepas

que tú no eres el culpable de mi marcha. Y no espero que entiendas que necesitaba meter cuatro cosas en la bolsa marrón de viaje, y escapar de aquí. Siempre huyendo, ya lo sabes. Lo que no sé es por qué me sigues si sabes que yo he nacido para esto (te he dejado las tortitas hechas en la cocina, espero que te despiertes antes de que se enfríen y se pongan duras). Deambulo de un sitio a otro, quedándome con las cosas buenas de cada lugar y cada persona con la que me cruzo deprisa, y haciendo como que las cosas malas no existen, que no están. Me he dado cuenta de que, justo por eso, soy bastante cobarde, y de que no me merezco ni uno sólo de todos los cariños que me das. Me gustaría poder explicarte los motivos de esta última huida, pero sería inútil que pudieras entenderlo. Yo soy así: nómada. Pisadora de carreteras y caminos, sin miedo a la lluvia, al autostop, al dónde me llevarán los pies o a dormir en cualquier sitio; pero con miedo a implicarme sentimentalmente, con pavor a cogerle cariño a alguien y con los sentimientos siempre a flor de piel. Creo que yo nunca he tenido un hogar. Creo que después de todos estos años de idas y venidas, de viajes eternos y estúpidos intentos de regresar, no tengo un sitio al que poder llamar así. Es precísamente a esa idea a la que me agarro para seguir respirando. Contigo he llegado a pensar que todo podría ser distinto, pero ya ves, las cosas que tiene esta vida, ¿no? No pienses que te desprecio, ni pienses que los días que hemos pasado juntos han sido un engaño. No te tomes mi marcha como un empezar de cero, sino como una nueva aventura. Un camino por recorrer. Yo haré lo mismo.
Siempre tuya,

O tú, o yo

Siempre estamos igual. Nos medimos constantemente (como los leones de cierta canción que sé que te gusta, tonto; y a ver quién puede más). Nos enfrentamos el uno al otro. O tú, o yo. Sólo uno puede quedar vivo (quien dice vivo, dice por encima, como el aceite). Al final resulta que ninguno gana y que ambos malheridos. Por más pactos de no-agresión que firmamos, no podemos evitarlo. Este amor-veneno que sentimos, nos puede. Al final de cada batalla juramos mantener la paz, pero el orgullo (y creo que hasta la pasión que existe entre nosotros, esa que hace latir nuestras venas cuando estamos cerca), nos termina ganando a ambos. Nos hace perder.
Vamos a reinventar las reglas del juego. A partir de ahora, ni tú eres el experto, ni yo la inocente. La próxima vez que midamos nuestras fuerzas no lo haremos con palabras (que a ambos, a veces, se nos va la fuerza por la boca), sino con caricias. El que más acaricie y aplaque orgullo con palma de la mano y yema de los dedos, gana. Se pueden usar los labios, pero no los dientes (que ya sabemos lo traicioneros que a veces resultan los mordiscos, ¿a que sí?). Y así que el amor gane al veneno, que las palabras se callen (nos las comemos después de muertas), y que los pactos de no-gresión duren. Más que nada porque al final, vamos a tener que cosernos las heridas mutuamente... y no sé que va a ser peor.

- Está clarísimo.
- ¿El qué?
- Una relación basada en el peligro, necesita el peligro para sobrevivir.

Creo en las casualidades...

... que suceden dentro de los túneles del metro y disfrazan los lunes de días de fiesta . Fíjate qué cosas tiene la vida, que iba yo medio dormida pensando en que hacía mucho que no te veía y, de repente, apareces. Sé que a quien se lo cuente no se lo va a creer, pero es así como ha sucedido y con tu: "vamos a tomar algo, y vas a la segunda hora", todo ha empezado a mejorar por momentos. El lunes ya no era tan lunes, y las ocho de la mañana no me pesaban tanto en los ojos. Mira por donde, me has pillado en un día en el que me sentía bastante guapa, y al final, he aceptado tu proposición con las ganas de pasar un rato contigo, después de tanto tiempo, metidas en los bolsillos y en mis pupilas. Y ahí estábamos. Nos hemos metido en un bar que tenía fotografías de desnudos artísticos por todas las paredes. Tú un chocolate y un cigarrillo, yo mi religioso café. Luego otro bar, y como ya eran las doce, dos cañas. Pero aún después de haberme alegrado la mañana no logro comprender una cosa, a ver si tú me la puedes resolver: ¿en qué momento ha saltado la chispa magnética que ha juntado nuestras miradas (y nuestros labios) y me ha hecho no querer ir a la segunda hora tampoco?

- ¿Brindamos?
- Por los lunes al sol.