Mala elección, Blancanieves

Fíjate que hubiera sido tan sencillo como un: "no, gracias", pero tuviste que sucumbir a la tentación de las irresistibles manzanas. Desde tu decisión a los niños se les dice que no acepten caramelos de desconocidos. Te quedaste a vivir con los siete enanitos: uno gruñón, otro feliz, uno perezoso, otro mudito, uno sabio, otro vergonzoso y el último, comilón. Podrías haberles cambiado por otras cosas, no sé. ¿Qué tal por los siete colores del arcoiris? O por las siete notas musicales... O por los Siete días en el Tíbet con Brad Pitt. Pero estabas esperando a tu príncipe, a ese que conociste casi sin querer. Y mira por donde, a ti te salió bien la jugada. Te preguntaría por el ingrediente secreto de tu juego de seducción (porque mira, bonita, no me creo, por muy negro que fuera tu pelo, muy pálida que fuera tu piel y muy rojos que fueran tus labios, que sólo con eso el príncipe se quedara prendado de ti). ¿Tú sabes lo difícil que es encontrar un tipo mínimamente decente? Como para encontrar a un príncipe, y que encima sea encantador. Reconóceme (ahora que estamos solas) que le enseñaste un poco de pierna bajo tu falda amarilla, o que el día ese en que te pilló sacando agua del pozo, habíais quedado previamente y tú, como sabías de su llegada, te apretaste más el corsé (no hay pecho pequeño, sino corsé poco apretado). Qué celosa se puso tu madrastra, ¿eh? Con eso de que eras tan parlanchina con los animales del bosque y que eras la más bella del reino... Si es que te lo tenías que haber visto venir. ¿Qué clase de madastra puede mandarte a un bosque y pedirle a un cazador que le traiga tu corazón en una caja? Estaba más que cantado que aquella bruja llegaría mientras tú preparabas pastel para los enanitos. Sin embargo, con el beso del príncipe, despertaste. Y él te llevó al palacio en su caballo blanco. ¿Qué tal os va ahora? Seguro que se pasa el día sentado frente a la tele o que ya no te dice lo hermosa que eres. ¿Ves? Tanto cuento de hadas no puede ser bueno para la salud emocional.

¿Sabes?

Sigo preguntándome dónde está la cámara oculta cuando estamos juntos y pasas tu brazo por mi hombro, sonríes y me llamas muñeca. Sigo creyendo que detrás del próximo edificio de la ciudad (que ya parce más bonita desde que la recorremos juntos) aparecerá un tipo gordo de uno de esos TVShows para decirme: "ha sido usted víctima de una broma colectiva" y se reirá a carcajadas de mí. Muerdo aún las monedas con las que pago nuestros dulces en la feria para saber si son de verdad o de chocolate (ya no lo hago más, que al final me haré daño en los dientes). Sigo preguntándome qué he hecho yo para ganarme el regalo de que estés conmigo y dónde carajo voy a colocarles un templo a los dioses por hacer que te cruzaras en mi vida. Sigo pidiéndote que me abraces fuerte y que no me sueltes por las mañanas. Porque aunque tú no lo sepas, me despierto de madrugada creyendo que ya es de día y que todo lo que hemos vivido ha sido irreal, fruto del amor que siempre (siempre, siempre) te tuve. Pero cuando mi respiración se para, miro en tu lado de la cama y ahí estás, durmiendo como un niño (¿te cuento un secreto? Casi parece que sonríes), el miedo se va y yo me vuelvo a acurrucar a tu lado, deseando que, por la mañana, sigas ahí (todas las mañanas, en realidad). Y es que te has convertido en alguien indispensable, imprescindible para mí. Como mis pulmones cuando respiro y mi corazón al latir (que yo sé que cada sístole y cada diástole hacen pum pum porque tú estás aquí, te lo aseguro).

- Qué guapa estás con ese gorro de lana, muñeca.
- Abrázame, que sigo teniendo frío.

No me da miedo que te marches

Me da miedo la horrible tormenta que anunciará el hombre del tiempo para los días siguientes. Una borrasca eterna que inundará parajes, que anegará casitas bajas y echará a perder la cosecha de este año. Luego vendrán los huracanes, pero eso será cuando llegue a un nivel de desesperación tal, que no podré controlar el llanto. Saldrá el sol con tu sonrisa (falsa) o cuando me preguntes cómo estoy o qué ha sido de mí en los últimos meses de desgracias atmosféricas (y de corazón). Quizá, para que no vuelva a nublarse mi cielo, te ate y te secuestre aunque ello conlleve pena de cárcel. (Mira, así mejor, tendré la excusa perfecta para no entristecerme por no volver a ver la luz del día). Pero si no me pillan imagínate, cariño, lo felices que seremos. Tú sin mí pero yo contigo. Me dará igual que quieras marcharte y que llores o supliques. Eso te pasa por llegar cuando yo no esperaba a nadie y después querer irte como si tal cosa. Tendrías que haber leído la advertencia invisible que había colgada en mi pecho (como en las cajetillas de cigarros que fumámabos a medias) que decía: Si vuelves, no te vayas (o ya verás). ¿Qué quieres que cenemos hoy, cielito?

¡Batalla ganada!

¡Reto conseguido!
¡Lorénidas y sus 399 bandidos vencen en una cruel batalla al malvado Anónimo
y a su Séquito de Infieles!

 
Déjame contarte una historia, bandid@ :)


Cuando Lorénidas y sus bandidos pensaban que ya habían derrotado al malvado Anónimo y su séquito de infieles, que se habían despeñado por un precipicio...


... el pérfido líder resurgió de sus cenizas como por arte de magia...

Se hizo el chulito, pero todos sabemos que la cagó...

 
Porque ahí estaba el valiente, bravido y buenorro Lorénidas para plantarle cara...
Y es que ningún buen bandido se rinde sin luchar:


Y la chulería se convirtió en rendición.

Y es que Lorénidas y sus 399 se convirtieron, definitivamente, en los vencedores, los reyes del cotarro, los tíos importantes, vamos:
 
  

Y una servidora, después de la aparición estelar del buenorro de Gerard Butler,
sólo puede decir: UN MILLÓN DE GRACIAS.
Como ya os dije cuando éramos 300, El Cóctel de los cuentos no sería NADA sin vosotros.
Gracias por ser mis bandidos y bandidas :)

Pst...

... dicen que las Musas salieron un día a las 00:40 cuando ella debería estar durmiendo.
Pero, mira tú por donde, la pilló trabajando.

 
Buenas noches, mis pequeños bandido y bandida.

Tu jersey

Hoy he deshecho tu jersey. Ese que me regalaste unas navidades. "Sé que es horrible, pero..." A mí me pareció encantador. Tenía dibujos geométricos y colores cálidos. Me pareció el mejor y más absoluto gesto de amor por tu parte (tonta de mí). ¿Cuánto hace de aquello? ¿Dos inviernos? ¿Tres? Me resistí a tirarlo durante este tiempo porque aún la lana guardaba un ligero olor a ti. Y a las tostadas con mermelada de arándanos que nos tomábamos en la cama por la mañana y al perfume que te ponías para ir a trabajar (se quedó en el jersey y en las trenzas de la lana porque, acuérdate, cuando tú llegabas a casa yo lo llevaba puesto y del abrazo tan fuerte que nos dábamos se contagiaban todos los olores). La electricidad estática de aquel jersey provocaba que mi pelo se pusiera de punta (efecto parecido al de tus manos, sólo que sin electricidad). Pero a lo que íbamos: hoy hacía exactamente 722 días que se me acabó el mundo en aquel día de diluvio universal (provocado por mis lágrimas y por el tiempo de perros que hacía esa mañana en que tú decidiste marcharte) y he sacado tu jersey del armario y, ¿sabes qué? Un hilo de lana en la manga derecha se escapaba del resto, de había destrenzado de la perfección que formaba con todos los demás hilos y he decidido tirar de él. Aquello ha sido el acabose, imagínate, todo el jersey deshecho mientras yo tiraba y tiraba, se consumía, se borraba y (por fin) me libraba del último de tus recuerdos. No te preocupes, ahora Morpheus, nuestro gato (ah, no, que ahora es MI gato) tiene un ovillo enorme de lana con el que jugar (por lo menos aquel infernal jersey que, es cierto, era horrible con sus dibujos geométricos y sus colores cálidos, ha servido para algo más que para hacerme llorar).

Ya puedes descargarla :)

 
Ya está disponible el Nº6 de El alfabeto de Babel
y Don Vito Corleone os espera en ella :)


Días ausentes. Feliz (no) San Valentín.

Vaya maravilla

Cuando estás sentada escribiendo una novela
y escuchas ESTO
sólo piensas: "vaya maravilla, ojalá yo dijera tanto en tan poco"

 
Déjame esta noche... soñar contigo.

Bajarás del tren...

... y el ruido de mis tacones se acompasará al que hará mi corazón cuando, de lejos, nuestras miradas se encuentren. Sonreirás. Y yo aceleraré el paso porque las ganas de darte un abrazo fuerte (tan fuerte que terminemos dándonos la espalda) le podrán a la paciencia. Y cuando esté cerca de ti (por fin) se me secará la garganta, me temblarán las manos, las piernas y el alma. Y tú cogerás mi cara con las manos y me besarás. Por fin juntos, pensaré yo. Y cuando piense que todo parece un sueño... despertaré en mi cama, pensando qué es lo que has hecho de mí que hasta cuando no estás... estés.

Descargas

Todo el contenido del blog que, muy pronto, vas a poder bajar a tu ordenador :)

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Relatos cortos y selección de microrrelatos
[EN CONSTRUCCIÓN]

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Primeros capítulos de mis novelas
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Novelas completas
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Circus - Blognovela (2011)

¿Qué?
Una blognovela (es decir, una novela publicada por capítulos en un blog. Los clásicos folletines de antaño versión 2.0, vamos).

¿Por qué?
El vicio escritoril a veces hace que los que nos dedicamos a esto queramos enseñar lo que creamos. Y a mí me ha dado por enseñar Circus.

¿Dónde?
En el blog: http://circus-lorenagb.blogspot.com


Bienvenidos al único lugar del mundo donde los sueños se hacen realidad

Damas y caballeros, niños y niñas. Bienvenidos al mejor espectáculo de Circo del mundo. Esta noche se dejarán llevar por la magia de nuestro espectáculo. Trapecistas, contorsionistas, magos, enanos, animales... ¡Y muchas sorpresas más! Dejen la racionalidad fuera de esta carpa donde lo irreal y lo real se mezclan con el arte, y prepárense para vivir una de las noches más apasionantes de sus vidas. Les doy permiso para que empiecen a soñar.

Hubo una vez...

... una chica que no veía el color rojo.

Rojo. Rojo. Rojo. Rojo.
Ni siquiera la palabra le resultaba familiar. Cada vez que escuchaba ROJO, color ROJO, corazón ROJO, se ponía triste. Las lágrimas se apelotonaban en sus ojos y con la R del siguiente (R)OJO, caían sin control por sus mejillas. Perder el color verde le hubiera dado igual. Ella sabía que la ausencia del color verde era más fácil de soportar. Sin embargo, el rojo...
Rojo. Rojo. Rojo. Rojo. Rojo. Rojo. Rojo. Rojo. Rojo. Rojo.
Le hubiera gustado, lo que más en el mundo, poder ver el color rojo. Así podría haber sabido cuándo esperar en un semáforo sin tener que mirar a los demás. Si hubiera podido ver el rojo, hubiera sabido más sobre los corazones de la gente... hubiera entendido que del rojo y el blanco sale el rosa y que si lo juntas con azul, sale morado. La chica que no veía el rojo no sabía de dónde venían el rosa y el morado, no sabía de qué color eran sus labios el sábado por la noche. La pérdida del rojo había sido para ella, la pobre, una pérdida irreparable. Cuánto fue de horrible no conocer el color del líquido que emanaba de sus heridas cuando todos lo llamaban sangre.

MicroREALto (digoooo...)

Hoy podría ser perfectamente la mezcla más perversa entre La Niña del Exhorcista y Alien. Podría estar siendo víctima de mi propia irritabilidad debido a que últimamente no bebo más café porque no puedo y por aquello del síndrome premenstrual. Pero he decidido que no me vale la pena estar permanentemente cabreada. Que las cosas, a veces (mala suerte), no salen como nos gustan y que, por ello, ni los lectores de los delirios que quisieron convertirse en blog, ni la gente cercana (o lejana, como la gente del bus) tiene por ello que pagar mis idas y venidas de humor. Motivos para estar soltando desdenes no me faltan (de hecho, los noto arder en la punta de los dedos) pero nunca he sido de las que dicen palabras malsonantes (y mucho menos las escriben, testigo de ello, es el blog del que os hablaba antes). Seguramente esta noche me de por llorar a moco tendido y tenga que sacarme una sábana para limpiarme las lágrimas de los nervios, el estrés y el exceso de cafeína. Y me volveré loca al pensar que esta misma situación en otro tiempo, hubiera acarreado palabras de ánimo por su parte, un abrazo acunando los primeros escalofríos de la depresión post exámenes y  un trato especial con pañales y potitos: "No llores, tontorrona". Y yo, encantada de la vida dentro de mi depresión, intentaría zabed pod qué zoy tan niña a vezez.

Se dio el terrible hecho de que no estamos en otro tiempo.
Estamos en el hoy y ni él, ni los pañales, ni los potitos están ahí. 
Así que toca hacerse mayor y ser fuerte.
He dicho.