... para no destruírme con la mentira.

Me gustaría creer que no estamos en otra fase del juego. Que por fin hemos llegado a la última casilla y que ya no caeremos en puentes, cárceles o calaveras. Creer en tus palabras como antes creía y no pensar que dices todo lo que dices (
y haces lo que haces también) porque has tenido uno de esos momentos de flaqueza que son lujos (
no me mires así, tú los llamabas lujos). Quiero pensar que volvemos a cambiarnos de planeta, que cogemos la carreta sideral y nos perdemos
delmundoydenosotros. Que (me) tocas la guitarra por las noches, que quieres escribirme una canción (
o una docena). Y es que existen tantas verdades como mentiras. Existen verdades absolutas, medio verdades y verdades que son mentira como cuando juré que te odiaría si te marchabas. Mírame, has vuelto y no te guardo rencor (
soy débil, sigo teniendo los nervios de lana cuando te veo/siento/escucho/leo al otro lado). Existen mentiras que son verdad, como cuando me decías "te querré siempre" y yo te pedía, sabiendo lo que nos iba a tocar (
sufrir/sentir/llorar), que no lo repitieras más. Y ahora llega septiembre y con él
vuelves tú (
de la manita, para no perderte, que ambos sabemos que eres una calamidad) y me dices que me extrañas, que extrañas
"nuestras cosas" después de tanto tiempo. Y yo te creo (¡
tonta!) porque pienso que es cierto. Y reconstruímos ese tren directo que iba de tu puerta a la mía. Firmamos un pacto de no agresión con el corazón y le ponemos una querella a las putas paranoias que un día nos separaron... y arreglamos las cuerdas de la guitarra que se rompió
un día del cual no quiero acordarme... para que me cantes de mañanita...
Aunque ya no suene igual.