Vete

Te quiero sin saber cómo ni cuándo ni donde. Te quiero directamente sin problemas de orgullo. Te quiero así porque no sé quererte de otra manera y tampoco sé no quererte. Te quiero tanto que tu mano, cerca de mí, es mi mano. Te quiero tanto que cuando cierras los ojos mi sueño es el tuyo. Jamás cambiaría el tiempo que he pasado contigo, porque son suma de nuestras experiencias. Pero hoy por hoy... con mucho cariño y recordando que te quiero.

Necesito que te vayas de mi vida.
Algunas personas son curiosas.

Una de un zombi...

... antes de ir a dormir.

No recuerda cuándo dejó de ser un hombre (con su piel, sus músculos, sus vísceras y demás entrañas importantes) y se convirtió en un zombi. Un zombi de esos de las películas que por las noches velan y recitan casi en sueños aquello de [si me llamaras, ay amor de mí, si me llamaras] a la luz de una tenue vela en la oscuridad; y por el día duermen. Duermen o lo intentan, porque no siempre lo consiguen. Él no quería devorar humanos, quería devorarla a ella (comerla, estrujarla, sentirla...) A su niña de piernas largas, tan tierna... a la que echaba tanto de menos cuando ni siquiera se había marchado. Sentía pálpitos, a veces, y era su maltrecho corazón que pedía tregua, que confesaba crímenes, que firmaba un pacto de no-agresión con la cabeza, que gritaba que él quería ser humano. Y así vivir una de esas cientos de miles de vidas mortales, ser protagonista de una de esas cientos de historias raras y caóticas que se ven cada día por la calle y que, aunque a veces no notemos, están. Siempre están, se huelen en el aire (se saborean con las fresas y hacen cosquillas con las burbujas del champán). Morirá el pobre zombi finalmente cuando este cuento acabe, anhelando alimentarse de esos besos que sabe (pobre de él) que no van a llegar nunca. Escuchará música deprimente mientras se consume... y ella (como nunca) como siempre, le salvará en el último momento de su cataclismo eterno, sangriento y visceral.
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Miedo

Dicen que aquello que separa a los seres humanos de cumplir sus sueños son sus miedos. Suponemos que esa teoría se basa sólo en los seres humanos adultos. De niño se tiene miedo a muchas cosas: a la oscuridad, a estar solo en casa, al coco, al hombre del saco, a lo desconocido, a perdernos en el súper, en el parque, a los monstruos del armario... Y sin embargo la niñez (casi)siempre la recordamos como la etapa feliz. Al crecer los miedos cambian, miedo a la frustración, a no encajar, a no encontrar nuestro camino, a no gustar, al rechazo, miedo al propio miedo, miedo de todo... Y se supone que todos esos miedos son los que nos separan de cumplir nuestros sueños. Supongo porque, de entre todos, tenemos miedo al fracaso, miedo a perder... o incluso, como cierta película decía, miedo a poder triunfar. Cogería una goma de borrar gigante, borraría los miedos, los reduciría a virutas... y luego, ¿qué? ¿No es quizá mejor ir superando todos nuestros miedos, coger una espada de corcho y matar a los monstruos del armario que no tenerle nunca miedo a nada?




Yo un día conocí a alguien que no le temía a nada. No tenía ningún miedo a nada, era capaz de afrotarlo todo sin miedo al "y si" o al "por si acaso"... ¿Alguien se cree que por eso sea valiente o haya conseguido ser feliz?

¿Sabes?

A veces siente una cosa extraña. Un sentimiento que sólo aflora por encima de su piel cuando te tiene cerca. Como si formaras parte de ella. Como si estuvieras dentro de su pecho, ahí, en el lado izquierdo. Y cuando te siente tan cerca, cuando dices algo que ella desea oir o cuando sonríes, ella sabe que tú estás exactamente en el mismo sitio de su cuerpo. Una cuerda fina y fuerte os ata. Irrompible. Como si estuvierais unidos por costuras invisibles, que decía la canción. Y sé que ella es para ti todas las chicas que te han roto el corazón. Y también sé que cuando os conocistéis, vuestros cerebros formaron un bucle increíblemente complejo. No era telepatía ni nada de eso. Era como si, a cada paso que dabáis, evolucionaráis en la misma dirección. Cualquier experto te diría que a eso se le llama aletoriedad paralela sincronizada. Pero yo creo que es amor, amigo mío, amor del bueno.


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Tomaba su bollo de las nueve...

... en el mismo bar cada día.

Acompañado de un café con leche que humeaba delante de ella, aquel bollo servía para compensar el ajetreado y estresante viaje en Metro y tener un rato para deleitarse con su sabor. Aquella mañana les escuchaba discutir mientras le pegaba bocados pequeños. A ellos no les importaba estar discutiendo y aireando sus trapos sucios en un bar, ni tampoco les importaba que la gente les mirara, les importaba que desde hacía meses el amor se les había roto, los sueños que planeaban juntos se habían escondido debajo de la cama y no querían salir... les importaba la rutina y las culpas, el dinero y la hipoteca, el trabajo y las salidas con amigos siempre y cuando el otro no estuviera presente. Ya no les importaba otra cosa que no fueran ellos mismos y, sin embargo, habían optado por seguir juntos y discutir en lugares públicos.

- ¡Tú tienes toda la culpa de todo!- había dicho ella, sin preocuparse de que todos los ojos del bar la miraban- ¡Si no me dejaras tanto tiempo sola!
- ¡Trabajo para que tú vivas como vives!
- ¿Y qué pasa con mi trabajo? ¿Piensas que con mi sueldo no podría vivir?
- Pienso que tienes gustos muy caros... ¡La culpa la tienes tú!

O la tiene quien le regalaba diamantes que, al principio son detalles hermosos y a la larga son caprichos caros. O la tiene la que se compra bolsos y vive por encima de sus posibilidades, haciendo caso a las apariencias y a las amistades. Se marchan cada uno por su lado. Y la chica del bollo que les ha estado observando durante toda la discusión suspira. En la radio suena una vieja canción que coincide extrañamente con la situación que acaba de vivir...

Se nos gastó el amor de tanto usarlo.

Polaroids de un viaje

Suelo enamorarme con facilidad y platónicamente de ciudades en las que nunca he estado. Creo que eso me ha pasado con Barcelona desde siempre, tanto que hasta el año pasado me planteé ir a estudiar allí. Hoy, tras haber vuelto de allí y después de haber pasado los últimos cuatro días rodeada de playas, catalán, edificios maravillosos y gente realmente simpática y abierta, he decidido que, en cuanto pueda, me iré a vivir a Barcelona. Y lo digo muy en serio. No es que ya no me guste Madrid... es que me he dejado el alma olvidada detrás de la mujer-mimo de la Rambla, es que me he dejado un trocito de corazón en el Parc Güell y otro trocito en la torre Agbar, es que siempre dije que amaba el mar, es que estoy enamorada...










Y hablando de más cosas, gracias por haber seguido escribiéndome correos durante mi ausencia. He contestado los máximos posibles porque algunos me los mandastéis el mismo viernes. Gracias, además, por el apoyo que le estáis dando a El alfabeto de Babel y gracias, por supuesto, por seguir leyendo a esta pesada egocéntrica (como dirían mis queridos amigos, los cobardes anónimos).

NOTA: Todos estos agradecimientos son porque El Cóctel de los Cuentos ha superado las 20.000 visitas y sabéis que siempre que superamos un número tan redondo me pongo pesada. Gracias a todos y cada uno.

Besos mil.

Buscaba caracolas por la playa...

... y ellas hablaban, contando historias del mar.

Contaban historias de sirenas y barcos que habían naufragado en una noche de tormenta con el mar revuelto y enfurecido. Historias de niños jugando en la orilla, mojando sus pequeños piececitos, sintiendo la sal en las heridas que se habían hecho al caer de sus bicicletas. Contaban historias emocionantes de piratas y ladrones, sinvergüenzas que saqueaban las ciudades y guardaban sus botines en islas secretas (lo que no traía la caracola, era el mapa de la isla, claro). Contaban cuentos fantásticos de atardeceres bucólicos, puros clichés, en los que dos enamorados, desde el acantilado, ven cómo el mar se traga al sol y él, por muy astro rey que sea, se deja comer y devorar por el gran azul, sin oponer resistencia. También las caracolas cantaban canciones, melodías suaves y deliciosas, como las sirenas de Ulises (ella se cree su Penélope, ingenua), que atraen a la gente a su interior para no dejarles escapar nunca. Los hechizan. Algunas caracolas que cogía traían pececillos de colores en su vientre y con su nervioso aletear de quien necesita agua y no aire para vivir le decían que volviera a dejarlos libres. Y ella lo hacía, claro que lo hacía. A veces las caracolas también contaban poemas desgraciados, poemas de amores frustrados, besos no dados y sueños no cumplidos... esas eran las caracolas tristes. Un día metió todas las palabras de las caracolas en una cajita y ya de anciana, las reescribió en un cuaderno que tenía las tapas del color del mar. Recuerdos de una caracola, rezaba la portada. Qué de cosas tenía que contarle al mundo desde los renglones en blanco...

Hoy...

... empieza el viaje hacia Babel.

Ya está disponible el número 1 de nuestra revista literaria:
Infórmate en:

elalfabetodebabel.blogspot.com

Yo me marcho.
El viernes me voy a Barcelona por fin, pero volveré antes, prometido.



Besos mil.

Hazme el amor con la verdad...

... para no destruírme con la mentira.

Me gustaría creer que no estamos en otra fase del juego. Que por fin hemos llegado a la última casilla y que ya no caeremos en puentes, cárceles o calaveras. Creer en tus palabras como antes creía y no pensar que dices todo lo que dices (y haces lo que haces también) porque has tenido uno de esos momentos de flaqueza que son lujos (no me mires así, tú los llamabas lujos). Quiero pensar que volvemos a cambiarnos de planeta, que cogemos la carreta sideral y nos perdemos delmundoydenosotros. Que (me) tocas la guitarra por las noches, que quieres escribirme una canción (o una docena). Y es que existen tantas verdades como mentiras. Existen verdades absolutas, medio verdades y verdades que son mentira como cuando juré que te odiaría si te marchabas. Mírame, has vuelto y no te guardo rencor (soy débil, sigo teniendo los nervios de lana cuando te veo/siento/escucho/leo al otro lado). Existen mentiras que son verdad, como cuando me decías "te querré siempre" y yo te pedía, sabiendo lo que nos iba a tocar (sufrir/sentir/llorar), que no lo repitieras más. Y ahora llega septiembre y con él vuelves tú (de la manita, para no perderte, que ambos sabemos que eres una calamidad) y me dices que me extrañas, que extrañas "nuestras cosas" después de tanto tiempo. Y yo te creo (¡tonta!) porque pienso que es cierto. Y reconstruímos ese tren directo que iba de tu puerta a la mía. Firmamos un pacto de no agresión con el corazón y le ponemos una querella a las putas paranoias que un día nos separaron... y arreglamos las cuerdas de la guitarra que se rompió un día del cual no quiero acordarme... para que me cantes de mañanita...

Aunque ya no suene igual.

Aniversario

Vengo del pueblo por fin, acabo de llegar, no he deshecho ni las maletas.
¿A qué huele hoy en Madrid?
Huele a que ya es septiembre, a revista a punto de estrenarse, a que estoymuycontentadeestaraquí y huele a... aniversario.

Queridos bandido y bandida, estamos de aniversario :)

En realidad, el blog cumplió su primer año durante los días que he estado fuera, pero hoy por fin que he vuelto, ya lo pongo oficialmente.

Estoy ocupadísima, pero mañana volveré :)

Gracias por estar ahí, al otro lado, a tan solo un clic de mí.
Durante ya un año (y unos días más).