... viendo pasar el tiempo. Un hombre canoso la miraba por encima de sus gafas de media luna.- ¿Y dice usted que todo empezó en la lavandería?
- Así es... era invierno, y en la calle hacía frío. Le dije que se quedara conmigo, ¿por qué se quedó si ahora cuando voy no está?
- Quizá la quería para un rato.
- No hablo de él.
- ¿De quién habla?
- De nuestra historia. De la mía y la suya. De la de los dos.
¿Es que nadie se ha enamorado nunca de la historia en lugar de enamorarse de la persona con la que la vive? A veces pasa, y el psiquiatra seguía tratándola de loca. Era extraño pararse a pensar que el rincón favorito de dos amantes era una lavandería en un sótano donde, cuando llovía, olía a húmedo. No sabe que el efecto centrifugado invita a que sus pieles se retuerzan y se mezclen, se empapen. Nunca entenderá que la vibración de las lavadoras, todas al compás, era la banda sonora de violines; y que en lugar de una suculenta cena, había pizza (de esa que la ves y sabes que mandas a la mierda cualquier dieta). Nunca fue difícil para ellos. Él robaba las llaves, ella le esperaba en la puerta del restaurante de siempre (a las horas más raras, en los días más raros). Ninguno decía nada hasta que no habían llegado allí, al lugar donde las lavadoras hacían magia. Y ruido. Entonces, se curaban el alma con besos, y no necesitaban suavizante.
- Debía ser muy molesto hablar con tanto ruido.
- No hablábamos, por eso no era molesto.
- ¿Entonces dice usted que no le importaba el ruido?
- Digo que el ruido me daba completamente igual. Como si hubiera sido un terremoto.
- ¿Le daba igual porque estaba con él?
- Me daba igual porque no reparaba en el ruido. El unico ruido que escuchaba era el latir del corazón. ¿Sabe por qué?
- ¿Por qué?
- Porque se escuchaba más alto que el centrifugado de las lavadoras.
No la creyó, y en su informe puso loca de amor. ¡Ja! No necesitaba pagar a un psiquiatra para que le dijera aquello. ¿Amor por quién, viejo matasanos? Amor por la historia rara. Aunque reconocía que el chico de los ojos de mar... tenía mucha culpa de aquello.

