El pobre Matías

Llegó al tanatorio con un impecable traje negro, con el semblante muy serio y la pena pesándole en los hombros. Saludó a todos los hombres de la familia, que se reunían en la puerta de la sala como un corro de pastores, mientras fuman un cigarro. Una vez dentro, comenzó a dar el pésame a los familiares del difunto, a sus compañeros de trabajo, a sus amigos. Todos los presentes le eran desconocidos, pero a lo mejor eso era lo que le parecía a él, porque habían pasado muchos años desde que vio por última vez al pobre Matías. Buscó a la viuda, seguramente arropada entre aquel círculo de mujeres del fondo de la sala. Decidió no importunarla, ya le presentaría sus condolencias después. Se volvió hacia el cristal que separaba a la comitiva del ataúd, dispuesto a despedirse por última vez a su amigo, y se quedó pálido al instante: definitivamente no, la señora que descansaba en aquella caja de madera de roble no era Matías.

5 secretos:

Sasha Rouge dijo...

Me ha recordado a una escena propia de serie de televisión estilo Aquí no hay quien viva o La que se avecina, no lo he podido evitar (aunque un tanatorio no sea lugar de muchas risas, precisamente)

Un beso :)

Bika Thraumer dijo...

oh, santo dios, pero que alguien me explique que no he terminado de entender.

Anónimo dijo...

Humor negro, me gusta. Es imprescindible para afrontar la vida.

Isu W.H. dijo...

... No he podido evitar reirme... Y aunque parezca mentira, en un tanatorio es casi típico eso... xD

Lunna Golightly dijo...

Sorprendente, como siempre :)

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