No eran los diamantes del escaparate de Tiffany's, sino las joyas que robaba de vez en cuando para seguir sobreviviendo. Era en Nueva York, eso sí, pero no la Quinta Avenida, sino el barrio marginal donde vivía. Siempre, antes de llevarle cualquier pieza al tipo gordo y desagradable de la casa de empeños, se probaba la mercancía y admiraba su reflejo en el espejo quebrado del baño. Le gustaba imaginarse en otro lugar, con otra vida, como dueño de esas joyas (y de muchas mas, y del dinero para poder comprarlas), pero Andrés sabía que él nunca sería Audrey Hepburn.
NUEVA RESEÑA DE MI LIBRO: 'EL CÍRCULO PERFECTO'
Hace 3 minutos

7 secretos:
toda la verdad :P espero este chico llegue a los mas altos rascacielos ^^
ya nos gustaría a más de uno ser Audrey Hepburn, pero así es la vida real :)
Siempre puede quedárselos... Es preferible que se lo quede alguien que vaya a admirarlo a alguien que solo es "por invertir" =P
Jus y a mí que no me gustan las joyas caras, me chifla triplemente las cosas de mercadillo a todas esas chaflarerías caras...
Audrey Hepburn cala hondo.
(tengo escrito Tiffany & CO en la pared, junto a muchas otras cosas)
Quién pudiera desayunar con diamantes.
Un saludo
Jajaja, fantástica, Lorena. Me encanta la ironía de que Andrés ("el hombre") desee ser una dulce muchachita enjoyada.
En tu honor esta tarde voy a volver a ver "Desayuno con diamantes".
Acabo de lamerme la última lágrima. "Gatooooo". Qué frágiles somos. O qué gato empapado me siento.
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