La calle treinta y el bar del tiempo

En el bar de la calle 30 el tiempo no cabe. Nada más pasar por la puerta los minutos y las horas parecen agarrotarse y se quedan en el umbral. No es que tengan miedo a entrar, es que simplemente dejan de existir. Allí la eternidad no cuenta y dura lo que dura un beso. Hay que bajar dos pisos en ascensor si quieres acceder a la parte chill-out, y de vez en cuando, en lo que dura el trayecto, compartes cuatro palabras con algún cabeza de chorlito que lo visita más asiduamente que tú o algún soñador que piensa que pegándose a la barra del grifo de la cerveza permanecerá joven por siempre. Allí no importa nada hasta que algo importa (cosa que pasa muy de vez en cuando). Y entonces ya no buscas compartir saliva sino tragarla e impresionar con una conversación inteligente a ése alguien que te mira cuando nadie se fija. Como los minutos se han quedado en la puerta, lo que menos te preocupa es cómo acabará la noche. Y te acercas y te enciendes un cigarrillo (aunque lo apagas pronto, por la dichosa ley). Empiezas a hablar con una frase que dices que dirás a tus nietos: "yo viví en los tiempos en los que se podía fumar en los bares y conducir a más de 110". Y va y se ríe. ¡Que dejen pasar al tiempo!

4 secretos:

Ms.Cyanide dijo...

Qué bar más curioso.

Human dijo...

Jo, me encanta. Qué raro, ¿no?

Fani! dijo...

Me encanto simplemente eso me encanto,si agrego otra palabra lo daño...!!! Besos guapa!!!

Anónimo dijo...

Un bar hecho a la medida de tu fantasía, me gustaría visitarlo, debe de ser un sitito delicioso.

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