Ella sabía ponerse el sombrero...

... hecho con el humo de los cigarrillos. Estaba condenada a ser feliz, eternamente. ¡Menuda condena, dirán algunos! Pero ella aprendió, con el tiempo, que sin la tristeza la felicidad no se apreciaba. Se puso el vestido de tul, ese que decía que quedaba bien para cualquier suicidio, y aquella noche se asomó a la azotea del hotel donde se hospedaba. Puedes imaginarte lo que pasó. Tanta felicidad le había ahogado el corazón.

9 secretos:

Smily dijo...

WOW.
Alucinante.
Y muy cierto. A veces, sin las cosas malas, no sabemos apreciar lo bueno de la vida.
¡Un besazo!

David Garcia dijo...

bendita mente privilegiada la tuya,que de una pequeña estrofa haces un mundo al cual cada uno adorna a su antojo.cuando tengas tu primer libro estoy seguro que será un bestseller.
gracias por seguir pasando por mi blog.valoro mucho tu presencia.
un abrazo

Fay .· dijo...

Me en-can-ta! wow, me gustaria tener ideas tan originales, para plasmarla en tu texto, me enamore de la ultima frase, tanta felicidad le habia ahogado el corazón.

besos

MeryC dijo...

Ya decía yo que la tristeza tenía que existir por algo.

Un muá(h) y un sugu de menta.

Smiley dijo...

Tan cierto... corto, sencillo, directo, sincero, perfecto para mi gusto :D
Me gusta la imagen, saludos!

Trinia dijo...

(:
Es que sin las cosas malas las buenas no lo parecen tanto; unas sin las otras no pueden vivir.

Me encanta.

vicky. dijo...

No me gusta el tul ni los suicidios... pero adoro las azoteas de los hoteles (y también la de casa).
Y ya sabes... lo bueno, si es breve, dos veces bueno. Este es SENSACIONAL!

Isabella Gispert dijo...

No sé cómo lo haces pero me da una envidia tremenda (de la sana claro) Un texto precioso, admirable capacidad de condensación ^^

Un besiño!!!

Jorge Luis Barrera dijo...

Wow!
No tengo más que decir.

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